Monday, February 27, 2006

“Mirar sin ojos –ver con el corazón”


Ante la práctica fotográfica de Bavcar, el espectador común y corriente corre el riesgo de asumir la misma conducta de fácil asombro que se suele adoptar frente a todo lo que, por lo menos en apariencia, contradice los tópicos establecidos.

¿Un sordo componiendo música? ¿O ejecutando un instrumento? ¿Alguien que ha perdido el sentido del gusto preparando un exquisito plato? Con la lógica tradicional de la gente “normal”, de la que asegura tener todos sus sentidos funcionando de manera “natural”, tales hechos parecerían una curiosidad, un disparate para ser presentado en una feria de variedades, o en uno de esos programas de televisión donde priman los “fenómenos” de la naturaleza, y no algo para ser tomado en serio, y que nos permite cuestionar lo que tradicionalmente se ha considerado que debe ser tal o cual actividad.

Ante el caso concreto de Bavcar, por ejemplo, una persona desprejuiciada, o que pretenda serlo, de entrada tiene que cuestionarse no sólo lo que ha venido considerándose que es la herramienta de trabajo de los fotógrafos – la luz-, sino la práctica fotográfica misma, que presupone que como las fotografías son hechas para ser vistas, quien las hace tiene que ser también un vidente.

Bavcar nos enseña, contra lo que podría pensarse, que la luz y la oscuridad no son conceptos opuestos. Que se complementan. Que la una no puede existir sin la otra, Y viceversa. Que una escritura fotográfica sin sombras estaría no sólo incompleta, sino, lo que es peor,que la desvirtuaría, porque el mundo está hecho no sólo de claridades sino de tinieblas.

En cuando a la práctica fotográfica, que considera que el ojo es la principal herramienta de trabajo del fotógrafo, Bavcar nos pone a pensar si ello es estrictamente cierto. ¿No puede serlo también, como en la escritura Braille, el sentido del tacto? ¿La sensibilidad del fotógrafo? Las fotografías de Bavcar no pueden verse sólo con los ojos. Quien se acerca a ellas sólo con el sentido de la vista, tendrá, apenas, una visión incompleta de sus fotos, que más que imágenes, lo que nos revelan son esencias.

Si la filosofía pretende llegar hasta la esencia de las cosas, del mundo, del ser humano, se podría decir que Bavcar no es sólo un fotógrafo: es un filósofo, que no sólo pretende llegar a lo esencial, sino que lo hace por una vía que, tradicionalmente, sólo se consideraba que podían utilizar los videntes.

De tal manera que frente a este fotógrafo es natural que se presenten toda clase de controversias, porque ha roto todos los esquemas de un arte que nació como una curiosidad, o como un intento de vencer el olvido, y en sus manos, en sus ojos sin luces, se convirtió en una manera de conocer el mundo a través, del corazón.

Con Bavcar hay que despojarse de preconceptos. Hay que llegar con una concepción distinta de lo que es o puede llegar a ser la fotografía, y, de este modo, se puede decir que la ha reinventado. Bavcar no es sólo un fotógrafo para ver. Es, también, un fotógrafo para pensar, sin que ello quiera decir que sus fotografías no nos transmitan una enorme belleza.

Así como hay fotógrafos de realidades reales – de guerras, de avisos comerciales, de desnudos, etc-, se puede decir que Bavcar lo es de irrealidades reales, en el sentido de que su trabajo está hecho esencialmente de sentimientos, y el mundo exterior sólo existe a través de ellos.

La experiencia “ciega” de la clase me sirvió, curiosamente, para abrirme los ojos, en el sentido de que me dio a conocer nuevas perspectivas sobre la práctica fotográfica. Allí aprendí que no bastan la visión física, que ella debe ir acompañada de otra que penetre hasta la esencia de las cosas y de los seres humanos: la sensibilidad.

La fotografía, tomada como un arte solitario, aprendí también en este ejercicio académico, puede ser también una práctica compartida, y el producto resultante sería, de este modo, el fruto de dos sensibilidades que se unen en un propósito estético común.